BUENOS DÍAS MALOS

La mujer junto a mí, en el paradero de la Séptima, se está quedando calva. Los hilos de cabello que le quedan están tirados hacia atrás; tensos. Su frente amplia brilla y no sé exactamente dónde empieza su cabeza. Es una tarde húmeda y junto a mí hay una mujer calva. No puedo pensar en otra cosa.

Hoy es un día malo. El bus demora media hora. A bordo, la mujer calva se pierde (o yo la dejo ir). No sé a dónde voy. No quiero pensar si llego. Todo se quiebra desde la ventana.

Un hombre que lleva una chaqueta militar me pide un lapicero prestado. Busco uno en mi morral y se lo entrego. El hombre anota sobre un papel y lo dobla, me devuelve el lapicero y ese papelito. El hombre timbra para bajarse en el próximo paradero. Yo no soy capaz de desdoblar su entrega. Lo que estaba quebrado explota infinitamente. Desde la ventana maquino. El papel tiene escopolamina, el papel tiene un número de teléfono, el papel es un poema, el papel no existe, el papel es un descuido. El lado derecho de mi cuerpo hormiguea. Lo que había explotado retoma su forma. Es un panic attack. Es la lana gruesa del saco que llevo puesto. Es una accidente cardiovascular que va a fulminarme. Es el puto efecto de la escopolamina. Es la sensación de cuando te enamoras de un extraño. Ahora la mujer calva y yo somos las únicas en el bus. Me preparo para bajarme en la siguiente parada. Me pongo en pie. Dejo el papelito en el que era mi asiento.

Hoy es un día malo. No puedo dejar de pensar en eso. En los días malos me fijo en la belleza de mis defectos.

Un día malo es fácil de reconocer. El perro ladra y solo se calla porque tiene que respirar. Suena una canción que me sé y ya no siento nada. Me golpea el dolor en las sienes. La ropa me talla. Un niño tira boliches y suenan como bombas en el techo de mi habitación. Los viejos tosen, tosen. No paran. Los veo sudar frío. Los ojos hundidos. Seis ojeras con las mías. Seiscientas veces girando sobre el colchón. Imagino todos los alambres tallando mi espalda. Me los sueño. El dolor en las sienes. Los colores de todo metiéndose dentro mío, tocando mis órganos, haciéndome vomitar. La somnolencia. Calentura en la cabeza, frío en las manos. Ese girar y girar en el futuro.

Los días malos empiezan temprano. Lo sabes desde que miras por primera vez a través de la ventana. Todo se está quebrando. 

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